¿Te guías por el fracaso o cambias de dirección?

Alejandra Cardona

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Un viejo refrán dice “no importa cuántas veces caigas, sino cuántas veces te levantes”, y de eso se trata la vida, es una carrera de pura resistencia.  Te compartimos un artículo valioso acerca del fracaso, camino por el que todos hemos de pasar, pero que solo algunos lo convierten en dirección al éxito.

 

Una nueva definición de éxito y fracaso:

El 6 de agosto de 1999, un jugador de las grandes ligas de béisbol, en su turno al bate en el estadio de Montreal, hizo otro out, el número cinco mil ciento trece de su carrera profesional. ¡Esa cifra significa un montón de viajes al punto de bateo sin un solo hit! Si un jugador queda fuera todas esas veces consecutivamente y promediara cuatro bateos por juego, eso significaría que habría jugado ocho temporadas (mil doscientos setenta y ocho juegos) ¡sin haber llegado jamás a primera base!

¿Se desanimó el jugador aquella noche? No. ¿Le pareció que le había fallado a su equipo? No. Fíjate en esto. Antes, en el mismo juego, en su primera aparición en el plato, ese jugador alcanzó una marca que solo veintiún otros jugadores en la historia del béisbol habían logrado. Había completado la cifra de tres mil hit. Ese jugador fue Tony Gwynn de los Padres de San Diego.

Durante aquel juego, Tony consiguió en cinco intentos conectar cuatro hit. Pero eso no es usual en él. Por lo general, él no logra un hit en dos de cada tres intentos. Es posible que estos resultados no parezcan muy espectaculares, pero si sabes de béisbol, tendrás que reconocer que la habilidad de Tony para lograr consistentemente solo una vez en tres intentos ha hecho de él, el más grande creador de hit en su generación. Y Tony sabe que con sus hit ha logrado una gran cantidad de out.

Durante más de diez años he sido un seguidor fanático de Tony Gwynn. Cuando vivía en San Diego, compraba boletos para toda la temporada de los Padres. Allí lo vi hacer su primer juego. Y desde entonces he seguido su carrera muy atentamente. Al acercarse al hit número tres mil, yo sabía que quería presenciar su hazaña de alcanzar esa marca jugara donde jugara.

El día que se suponía que lo lograría, yo estaba terminando una serie de conferencias sobre liderazgo en la ciudad de Chicago. Al día siguiente tenía que estar en Filadelfia para otro compromiso. Me las arreglé para cambiar mis boletos de avión. Luego llamé a mi yerno, Steve, que estaría en la siguiente conferencia conmigo, y lo invité para que nos fuéramos a Montreal para ver el juego.

Mientras viajaba, me di cuenta que estaríamos bastante apretados de tiempo pero me dije que saldría todo bien. Cuando llegamos al aeropuerto, todo parecía perfecto. Pero después de abandonar el avión, Steve fue retenido en la aduana. Con el reloj marcando los minutos, me dije que perderíamos la primera intervención de Tony al bate. Y así fue. Cuando llegamos al estadio, ya Tony había bateado su hit número tres mil.

¿Nos sentimos derrotados cuando nos dimos cuenta que era probable que nos perdiéramos el momento histórico en que Tony lograría su batazo número tres mil? No. ¿Dimos media vuelta y nos alejamos del estadio cuando al llegar allí, supimos que ya había logrado lo que queríamos presenciar? No. ¿Me sentí fracasado cuando al tratar de comprar un programa, me di cuenta que ya todos se habían vendido? No. Nos hacía estar contentos el ser parte de la celebración. Y como Tony, nos sentíamos recompensados con el solo hecho de estar allí cuando él lograra sus hit. Más tarde en el juego, cuando Tony bateó una bola a las graderías, yo la cogí. Unas pocas semanas más tarde, Tony me la firmó y ahora tengo un recuerdo de su hit número tres mil.

Uno de los más grandes problemas que la gente tiene respecto del fracaso es que juzgan demasiado apresuradamente situaciones aisladas en sus vidas y las clasifican como fracasos. En lugar de hacer eso, deberían mantener en mente el cuadro total de cada situación. Alguien como Tony Gwynn no piensa que un out que haga es un fracaso. Él ve el out en el contexto general del juego. Su perspectiva lo lleva a perseverar. Su perseverancia le da longevidad. Y la longevidad le ofrece oportunidades para tener éxito.

Fracaso no es:

Cambiar tu perspectiva del fracaso te ayudará a perseverar para finalmente alcanzar lo que deseas. ¿Entonces, cómo vas a juzgar el fracaso? Déjame comenzar echando una mirada a siete cosas que el fracaso no es.

1. La gente cree que el fracaso se puede evitar, y no se puede

Todos fallamos y cometemos errores. Seguramente has oído aquello de que “errar es humanos, perdonar es divino”, Alexander Pope lo escribió hace más de doscientos cincuenta años. Él estaba parafraseando un dicho que era muy común dos mil años antes durante el tiempo de los romanos. Hoy las cosas son muy parecidas a como eran en aquel tiempo. Si eres un ser humano, vas a cometer errores.

Es probable que estés familiarizado con la Ley de Murphy y el Principio de Pedro. Hace poco me encontré con algo que se ha dado en llamar Reglas para el ser humano. Creo que la lista describe bien el estado en que nos encontramos como personas:

Regla 1: Tienes que aprender lecciones.

Regla 2: No hay faltas, solo lecciones.

Regla 3: Una lección se repite hasta que se aprende.

Regla 4: Si no aprendes las lecciones fáciles, se hacen más difíciles. (El dolor es una forma en que el universo consigue que se le preste atención.)

Regla 5: Sabrás que has aprendido una lección cuando tus acciones cambien. Norman Cousins tenía razón cuando dijo: “La esencia del hombre es la imperfección”. Entonces, convéncete de que vas a cometer errores.

2. La gente cree que fallar es el resultado de algo, y no lo es

Cuando estaba en mi época de crecimiento, creía que el fracaso venía en un momento. El mejor ejemplo que puedo recordar para ilustrar esto es cuando hacemos un examen. Si  obtienes una F, eso significa que fracasaste. Pero con el tiempo me he convencido que el fracaso es un proceso. Si fallas en un examen, eso no significa que fallaste en un resultado una sola vez. La F muestra que fallaste en el proceso que habría de desembocar en el examen.

En 1997, escribí un libro titulado The Success Journey  (El viaje al éxito). En él se ofrece un vistazo a lo que significa ser una persona de éxito. Allí defino el éxito en estos términos:

Saber lo que quiero alcanzar en la vida.

Esforzarme para desarrollar todo mi potencial.

Sembrar para el beneficio de otros.

La tesis del libro es que el éxito no es un destino, un lugar al cual se va a llegar algún día. El éxito es un viaje que tú inicias. Y el éxito se va alcanzando según lo que hagas día tras día. En otras palabras, el éxito es un proceso.

El fracaso actúa de la misma manera. No es un lugar al que se llega. Como el éxito, no es un resultado ni es un fracaso. Es cómo enfrentas la vida a lo largo del camino. Nadie puede decir que ha fracasado mientras no exhale el último suspiro. Hasta ese momento, todavía estará en proceso, y aun no se habrá dicho la última palabra.

3. La gente cree que el fracaso es objetivo, y no lo es

Cuando te equivocas, sea que calcules mal una operación matemática, que olvides una fecha importante, que no hagas bien algo, que no tomes la mejor decisión en cuanto a tus hijos o que pierdas la oportunidad de tu vida, ¿qué determina que tal acción fue un fracaso? ¿Te fijas en el tamaño del problema que se generó o en la cantidad de dinero que te costó? ¿Está determinado por la reacción que pudiera tener tu jefe o las críticas que pudieran venir de otras personas? No. El fracaso no se determina de esta manera. La respuesta es que tú eres la única persona que puede realmente decidir que has fracasado. Esto es algo subjetivo. Tu percepción y la forma en que reaccionas ante tus errores determinan si tus acciones son o no un fracaso.

Tú eres la única persona que puede realmente decidir que has fracasado.

¿Sabías que los empresarios casi nunca despegan al primer intento? ¿Ni al segundo? ¿Ni al tercero? Según Lisa Amos, profesora de comercio de la Universidad Tulane, el promedio de veces que los hombres de negocios fracasan antes de dar con el éxito es de 3,8. Pero no se desalientan por problemas, fracasos o errores. ¿Por qué? Porque ellos no ven los reveses como errores. Y reconocen que tres pasos hacia adelante y dos hacia atrás aún equivalen a uno hacia adelante. Y como resultado, superan el promedio y llegan a triunfar.

4. La gente cree que el fracaso es un enemigo, y no lo es

La mayoría de la gente trata de evitar los fracasos como se evita una plaga. Le temen. Pero de la adversidad es que surgen los éxitos. El entrenador de básquetbol de la NBA, Rick Pitino, lo dijo aun más enfáticamente: “Es bueno fracasar. Porque el fracaso es como el fertilizante. Todo lo que he aprendido sobre cómo dirigir un equipo lo he aprendido cometiendo errores”.

Las personas que ven el fracaso como un enemigo, son cautivas de aquellos que lo vencen. Herbert V. Brocknow lo dice de esta manera: “El que no comete errores sirve al que sí los comete”. Observa a cualquier triunfador y descubrirás en él a una persona que no ve los fracasos como enemigos. Esto es verdad en cualquier esfuerzo. La musicóloga Eloise Ristad dice que “cuando nos damos permiso para fallar, al mismo tiempo nos estamos dando permiso para superarnos”.

5. La gente cree que fallar es algo irreversible, y no lo es

En Texas hay un viejo adagio que dice: “No importa cuánta leche derrames, lo que importa es no perder la vaca”. En otras palabras, los errores no son irreversibles. Hay que mantener la perspectiva. Los problemas vienen cuando uno solo ve la leche que derrama y no el cuadro completo, incluyendo la vaca. La gente que ve sus errores en forma correcta se aprovecha de ellos.

Los errores no hacen a las personas darse por vencidas.

Los éxitos no hacen a las personas creer que ya lo alcanzaron todo.

Cada resultado, sea bueno o malo, es un pequeño pasado en el proceso de vivir. O como lo dice Tom Peters: “Si no se hicieran cosas insignificantes, nunca habrían cosas grandes”.

6. La gente cree que el fracaso es un estigma, y no lo es

Los errores no son una marca permanente. Me gusta la perspectiva del fallecido senador Sam Ervin Jr., quien decía: “Tanto la derrota como la victoria sirven para remecer el alma y dejar la gloria fuera”. Así es como tenemos que ver al fracaso.

 El promedio de veces que los hombres de empresa fracasan antes de dar con el éxito es de 3,8.

Cuando cometas errores, no dejes que te desmoralicen. Y no pienses en ellos como un estigma. Haz de cada fracaso un peldaño de la escalera que lleva al éxito.

7. La gente cree que después del fracaso ya no hay más, y no es así

No permitas que aun lo que parezca un tremendo fracaso te impida luchar por lograr el éxito. Piensa en la historia de Sergio Zyman. Era la mente maestra detrás de la nueva imagen de la Coca-Cola, algo que el asesor de mercadeo Robert McMath ve como uno de los más grandes fracasos en materia de productos de todos los tiempos.Zyman, quien lanzó al mercado con todo éxito la Coca-Cola de Dieta, creía que la Coca-Cola necesitaba actuar enérgicamente para revertir sus veinte años de declinación en el mercado contra su rival, Pepsi. Su solución fue dejar de ofrecer la bebida que había sido popular por cerca de cien años, cambiar la fórmula y ofrecer la nueva Coca-Cola. El intento fue inicialmente un fracaso monumental que en 1985 duró setenta y nueve días y significó a la compañía una pérdida de cien millones de dólares. La gente rechazó la nueva Coca-Cola. Y esto significó la salida de Zyman de la compañía.

Ahora que leíste esta reflexión acerca del fracaso, ¿qué harás con esa situación desagradable que aún te lastima como piedra en el zapato? ¿Qué harás ante el próximo fracaso? Todo depende de ti, no del error que pudiste haber cometido.

 

Artículo extraído de www.nuevosaulodetarso.tripod.com  Foto principal: Neilbroadway.com

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Alejandra Cardona

Editora General de Atrévete

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