¿Cómo tomar #BuenasDicisiones ?

Alejandra Cardona

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Hace un tiempo mi esposo y yo debíamos tomar una buena decisión relacionada con el trabajo. Algunas veces la opción A parece tan buena como la B, pero ninguna es del todo perfecta y, ¿cómo saber cuál es la mejor decisión a largo plazo? Así que decidimos pedirle a Dios que nos diera una señal, ¡y él respondió!

Una de esas noches soñé que una persona importante nos advertía no tomar la opción B, las palabras no eran tan claras pero desperté segura de cuál era entonces la mejor oportunidad. Sin embargo, las carreras y las presiones de los otros días me hicieron dudar acerca de la decisión, al punto que casi le insisto a mi esposo para que tomáramos la opción B.

Gracias a Dios aún nos quedaban unos días para dar nuestra resolución, y una noche que estábamos en ayuno y fuimos a la iglesia (en verdad Dios habita donde se ora y se le alaba), vino una persona que no conocía nada del asunto y le advirtió a mi esposo que no era tiempo de tomar una decisión importante. Ambos nos quedamos impactados, pero con la alegría de descubrir que Dios es real, que le importamos y está interesado en que tomemos buenas decisiones.

A-B

Así que en obediencia y fe, más que lógica, decidimos no tomar la opción B. Bien dice Proverbios 3,7, “no seas sabio en tu propia opinión, teme a Jehová y apártate del mal”, pues al no tener el guión completo de nuestra propia película, solemos dejarnos llevar por una visión limitada, es decir por las circunstancias momento.

Para tener éxito en todas las áreas de nuestra vida necesitamos sabiduría, la cual es definida por el Diccionario de la Real Academia Española como el “grado más alto de conocimiento” o “conducta prudente en la vida o en los negocios”. ¿Y cómo adquirir dicha sabiduría? La misma Biblia nos lo revela: el principio de la sabiduría es el temor a Jehová (Proverbios 9, 10).

UNA DECISIÓN DE VIDA O MUERTE
asma91                                                                                                                                                                                                            La decisión más importante que hemos tomado con mi esposo hasta el momento tiene que ver con la vida de nuestra hija. En una madrugada tuvimos que llevarla de emergencia al hospital por complicaciones respiratorias. Al regresar a casa pensamos que todo volvería a la normalidad, pero dos horas después la escena se repitió. El médico nos había recetado los medicamentos para nebulizarla, así que mi esposo iría a la farmacia y yo me quedaría cuidando de ella.

A Dios damos gracias que se nos ocurrió ver la hora, cuatro y minutos de la mañana. Resulta que vivimos en un lugar precioso pero no hay cerca una farmacia, por lo que llegar a una que estuviera abierta las 24 horas y volver, cuando el tráfico empieza a formarse, iba a tomarle más tiempo de lo que nuestra pequeña podría resistir. Sin saber lo trascendental de la decisión, la tomamos en brazos y regresamos al hospital.

En esa ocasión no hubo tiempo para sueños reveladores, pero estoy tan agradecida con Dios de haber tomado esa buena decisión, pues unos minutos más y el corazón acelerado de nuestra hija no hubiera resistido. Bien es cierto que mejor es el fruto de la sabiduría que el mucho oro o que la plata (Proverbios 8, 19). Una decisión correcta vale más que cualquier título o lo mucho que el dinero te pueda dar.

“Ahora, pues, hijos, oídme, y bienaventurados los que guardan mis caminos. Atended el consejo, y sed sabios, y no lo menospreciéis”, Proverbios 8, 32-33.


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Alejandra Cardona

Editora General de Atrévete

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