Cosechando el futuro con moringa

Alejandra Cardona

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“¿Qué hice yo para obtener educación y los recursos con que cuento?” Esa es la pregunta que ha llevado a Gabriel Salazar a no conformarse con el éxito de su empresa, sino ir más allá al contribuir al desarrollo de comunidades en extrema pobreza.

San Basilio Suchitepéquez es la primera comunidad beneficiada por el programa “Cosechando el Futuro”, con el cual Salazar y el equipo de su empresa Green Pack colaboran con talleres para el cultivo y la comercialización de moringa. “Hablamos de comunidades que aparte de tener los más altos índices de desnutrición crónica, no reciben ingresos porque el acceso a la comunidad es muy difícil, sólo para entrar son dos horas en carro, en terracería hecha pedazos. Es difícil que puedan comercializar sus productos porque salir a carretera representa caminar cuatro horas. Me gusta pensar que también llevamos oportunidad a esas comunidades”, comenta.

Cierto porcentaje de los ingresos percibidos por la venta de los productos desechables que la marca produce es destinado para beneficio de 38 familias. El programa no es sólo prestar la asistencia inmediata a las necesidades básicas, sino hacer que empiece a ser autosostenible, por lo que se han establecido alianzas con otras organizaciones para ofrecer jornadas de salud, desparasitación, tratamientos de cáncer, etcétera. Una de esas principales organizaciones aliadas es Nueva Guatemala.

Cierto porcentaje de los ingresos percibidos por la venta de los productos desechables que la marca produce es destinado para beneficio de 38 familias.

Por lo anterior, la asistencia estas comunidades se ofrece mediante un acuerdo que compromete a la población a implementar procesos de higiene para la producción de moringa. “Funcionamos como asesores comerciales”, dice Salazar, al explicar que la maravillosa planta está por exportarse a otros países, entre ellos Estados Unidos, “y el pago va directo a la comunidad”, agrega.

La maravillosa planta

La moringa, una planta originaria de India, se ha extendido por todo el mundo, en especial en África para la alimentación de personas en condición de extrema pobreza, y se ha acoplado muy bien al clima y la tierra de Guatemala. Es rica en nutrientes, pues por cada 100 gramos de hojas secas se obtiene siete veces más vitamina C que con la naranja, tres veces más potasio que con el banano, dos veces más hierro que con la espinaca, cuatro veces más calcio que con la leche y tres veces más contenido de proteína que con el huevo. Además, es fuente de vitaminas A, B12 y D, entre otros nutrientes.

“Me di cuenta de que ellos estaban marcando la diferencia y pensé que podría hacer lo mismo al atacar otro problema del país”.

Sin embargo, “se debe comprender que no es un sustituto alimenticio, sino un complemento. No significa que vamos a recomendar siete cucharadas de eso y no comer más. En la comunidad de San Basilio sólo comen frijoles, arroz y elote, así que mezclamos la moringa con la tortilla, tamalitos de chipilín u otros platos. No les cambia el sabor, olor ni textura, y al combinar moringa con otro alimento funciona como complemento para una dieta más balanceada. En esas comunidades hay recurrencia de ceguera infantil y problemas pulmonares, si el niño o la niña  consumen moringa desde temprana edad, se pueden prevenir los problemas”, explica Salazar.

Por otra parte, de las semillas se obtiene un aceite vegetal con cualidades humectantes superiores a cualquier otro aceite, lo que ha hecho que sea utilizado en la elaboración de productos cosméticos por firmas reconocidas como Bath and Body. Eso sí, para que la planta tenga todas estas bondades deben adquirirse semillas certificadas, pues existen cerca de 114 tipos de moringa.

Y como si eso fuera poco, la planta ha demostrado un crecimiento acelerado en nuestro país, alcanzando los tres metros y medio de altura cada nueve meses.

Cuando se tiene el deseo de dar, siempre hay dónde

Salazar confiesa que su conciencia de responsabilidad social se fortaleció gracias a su novia y un tío. “Ella (su novia) fue una de las pioneras de la organización “Un Techo para mi País” en Guatemala. Yo me involucré como voluntario y ahí despertó mi sentido social. Me di cuenta de que ellos estaban marcando la diferencia y pensé que podría hacer lo mismo al atacar otro problema del país”.

Posteriormente se reunió con un tío que por más de 35 años ha trabajado en el desarrollo de  comunidades. Salazar le comentó que estaba ansioso por contribuir con el país, y su tío lo informó  acerca de la moringa y las necesidades en San Basilio Suchitepéquez. El proyecto ha resultado un éxito y ahora están por empezar a trabajar en una segunda comunidad en Comapa, Jutiapa.

En la foto principal: Gabriel Salazar junto a voluntarios y niños de San Basilio Suchitepéquez, en la segunda jornada médica, realizada en conjunto con la asociación Nueva Guatemala.

Fotos: cortesía de Gabriel Salazar.

 

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Alejandra Cardona

Editora General de Atrévete

2 Comments

  1. Isabel M Vallebona Barazarte

    felicitacines

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  2. Vilma

    Felicitaciones por la iniciativa y el perfil de Ejecutivo. Una gran labor.

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