¿Qué misterio hay en la cruz?

Alejandra Cardona

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Por Fredy Ávila*  La muerte de Jesucristo fue el misterio central de su vida. Uno puede deducir que fue un suceso excepcional, pues la naturaleza misma se convulsionó ante semejante hecho: la tierra tembló, las rocas se partieron, el cielo se oscureció, se abrieron los sepulcros y los cuerpos de muchos santos resucitaron de sus tumbas (Mateo 27:51-53).

Se dice en el relató que desde un día antes, Jesús se sentía muy angustiado, hasta la muerte, pero fue cuando decidió orar más intensamente (Lucas 22:44-54). Estando ya en la cruz, Jesucristo se sintió abandonado. Ya lo había vendido Judas, lo había negado Pedro, lo había sentenciado Roma por presión de las autoridades religiosas de Jerusalén, lo habían abandonado sus discípulos, lo habían azotado y se habían burlado de él los soldados, aun uno de los dos ladrones en la cruz lo insultó. Ahora era lo peor, su Padre también lo abandonó. ¿Qué misterio hay en la cruz y específicamente en Jesús?

Cómo podemos conciliar el acto profético de David, quien escribió el Salmo 22, más o menos mil años antes de Cristo, cuando la pena capital era por lapidación y no la crucifixión.  ¿Cómo David describió la crucifixión con detalles tan precisos?

Por otro lado, para los romanos, la crucifixión era la forma más cruel de pena máxima que se reservaba para asesinos, esclavos o revoltosos y otros crímenes odiosos en la sociedad. A la iglesia cristiana le tomó tiempo reconciliarse con la ignominia de la cruz.

Los padres de la iglesia prohibieron representarla en ninguna forma artística hasta el reinado del emperador Constantino, quien tuvo una visión de la cruz y también la prohibió como forma de ejecución. Así pues, no fue sino hasta el siglo IV cuando la cruz se convirtió en símbolo de la fe.  Ahora el símbolo está en todas partes, incluso se hacen cruces de chocolate para que los fieles se la coman en Semana Santa. Pero, ¿qué misterio hay en la cruz?, ¿por qué un Dios proclamado rey escoge el camino de la debilidad?

Estoy de acuerdo con Philip Yancey, en su libro titulado “El Jesús que nunca conocí” que ningún teólogo podrá explicar a cabalidad el misterio de la cruz. Aún en el relato de los evangelios, hay cosas que se dicen y cosas que no quedaron escritas porque seguirán siendo eso: un misterio de amor, pero finalmente misterio.

Yancey dice en la página 203: “Después de haber visto docenas de películas acerca del tema y de leer los evangelios repetidas veces, no puedo llegar a imaginarme la indignidad y la vergüenza por la que pasó el hijo de Dios sobre la tierra, desnudo, flagelado, escupido, golpeado en el rostro, coronado de espinas…”.

Sin embargo la Biblia dice que en la cruz debemos ver:

  • Por un lado, el amor de Dios: “Pues Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Siendo Dios se hizo hombre y cargó en su cuerpo sobre la cruz el peso de todos los pecados de la humanidad. Precisamente por eso el Padre lo abandonó completamente en aquella hora pues su hijo estaba identificándose con los pecadores y haciéndose un maldito por ellos.
  •  Por otro lado, debemos ver en la cruz, la justicia de Dios y su santidad no negociable: pues por causa de su justicia no escatimó ni a su propio hijo, sino que lo entregó por todos nosotros (Romanos 8:32). Dios en su amor, bien pudo pasar por alto nuestros pecados y no exponer a su amado hijo, pero debemos ver en la cruz, la repulsión que Dios tiene por el pecado y que castigó el pecado en el cuerpo de Jesús.

Hay mucha justicia en la cruz, y quien no agradezca este acto de amor sacrificial, quien no lo valore y no se apropie de ese regalo, sencillamente será condenado y no verá la vida, sino que la ira de Dios ya está sobre él (Juan 3:36).

Creo que el mejor regalo que una persona puede hacerse a sí misma durante estos días de Semana Santa, es decirle a Dios: “Sé que soy pecador, te doy gracias porque me amas, y recibo por la fe el regalo de la vida eterna en Cristo Jesús”, amén. Y luego leer los cuatro evangelios y especialmente lo que concierne a la semana definitiva y final de Jesucristo, quien es Dios y quien nació para morir.

Bibliografía: Samuel Pagan, “Jesús de Nazaret”, Editorial Clie. Philip Yancey, “El Cristo que nunca conocí”, Editorial Vida.

Fredy-Ávila-2*Fredy Ávila, teólogo y pastor de Misión Cristiana Renuevo, pastorfredyavila@gmail.com

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Alejandra Cardona

Editora General de Atrévete

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