Solo hay alguien que puede controlar el estrés: tú

Alejandra Cardona

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Los principales generadores de estrés son: los pensamientos negativos, las creencias erradas, las acciones incongruentes y la incapacidad para identificar y comprender nuestras emociones reales. Pero aquí la buena noticia, tenemos cerca de 150 habilidades mentales, rutinas de actividad física y de actividad espiritual, de las cuales podemos echar mano para hacer frente al mal de este siglo.

 

Melissa se encontraba ante la gran oportunidad de obtener el mejor empleo de su vida, solo debía demostrar ante un reducido público su talento, conocimientos y gracia. Estaba más capacitada que su rival Rosario.

Sin embargo, conservaba en el subconsciente una escena de infancia en que su exposición fue un fiasco y durante años se había creído que los demás tenían una ventaja sobre ella en cualquier área de su vida. Estaba dispuesta a aceptar un “no, gracias” aun antes de competir. ¿Resultado? Una presentación tímida que efectivamente la dejó en desventaja y tuvo que regresar a su rutina de trabajo, consolándose con una de sus muletillas: “No era para mí”.

Pero ahí no acaban los problemas de Melissa, sufre de gastritis, alergias y dolores de cabeza que le quitan la paz, en especial cuando tiene mucho trabajo, pruebas de estudio o una invitación a salir. Ya se acostumbró a que su organismo y billetera paguen la factura, atribuyendo sus malestares al “estrés”.

Así como Melissa, muchos de nosotros somos víctimas de nuestros pensamientos. Roberto Martíndez Porras, psiquiatra de Family Central, explica que “los pensamientos ocasionan respuesta fisiológica en el organismo. Si hay una amenaza al individuo (por ejemplo hablar en público), se produce hidratación de cortisol que finalmente termina desencadenando todas las manifestaciones físicas de la ansiedad, pudiendo alterar la presión arterial, provocando sudoración fría y otros síntomas. Y esto se debe a que nuestro organismo tiene la habilidad de echar a andar todos sus componentes cuando se presenta una situación estresante, causando comúnmente dolores de cabeza y estómago, explica. Y de la misma manera que el organismo reacciona ante una amenaza, el cerebro usa sus propios mecanismos de defensa, por ejemplo:

  1. Creencias      básicas erradas. Puedo creer que le caigo mal a      las personas, y si alguien no me saluda un día porque tal vez iba apurado      o no me vio, la reacción más inmediata será pensar que la indiferencia fue      a propósito porque le caigo mal.
  2. Sensaciones      de indefensa. Es pensar ‘no importa lo que yo      haga, no puedo hacer nada para cambiar las circunstancias’. De acuerdo con      Martínez Porras, esta es la sensación más fuerte que puede vivir un ser      humano porque aún en situaciones muy extremas como las que vivió el psiquiatra      Víctor Frankl en los campamentos nazi, se puede encontrar un propósito y      creer en la esperanza de un futuro mejor.
  3. Falta      de contacto realista hacia mis circunstancias.      Es decir que las personas podemos engañarnos fácilmente y pensar que      nuestras circunstancias son diferentes a las reales, lo cual afecta      nuestra relación con las personas a mi alrededor. Por ejemplo, el estudiante      universitario puede culpar al maestro por no ganar una clase, su argumento      será ‘es que me llevaba mal’. Esto indica que está desorientado en sus      circunstancias, pues la responsabilidad de ganar el curso es de él y no de      alguien más, debe esforzarse lo suficiente para lograrlo.

De ahí que las personas más estresadas y las menos tensas se caracterizan por tener los siguientes hábitos de vida:

Persona con estrés

 

Persona menos estresada

Responsabiliza a los demás por las cosas que pasan   en su vida. Toma sus propias decisiones y se hace responsable   de su vida cualquiera que sea su circunstancia.
Le cuesta decir “no” y consecuencia de ello tiene   dificultades. Pone límites a los demás.
Es pasiva, no lleva una dieta balanceada y duerme   poco. Hace ejercicio o practica algún deporte, come bien   y duerme lo suficiente.
Se acostumbra al trajín de la vida y no rompe con   ese círculo. Provoca momentos de disfrute en su vida.
 Conserva   las heridas, el enojo o la frustración por alguna ofensa, incluso por las   ocasiones en que ha fallado a sí misma. Sabe perdonar y perdonarse a sí misma.
Tienen una vida sin balance, trabajan en exceso o   cae en fanatismo. Tiene una vida balanceada: trabajo, descanso,   diversión y vida espiritual.
Tiene problemas de autoestima. Es segura de sí misma y tiene una estima equilibrada.
No maneja adecuadamente su presupuesto ni tarjeta   de crédito y tiene deudas. Maneja adecuadamente sus finanzas.
Tiene conflictos familiares. Disfruta de una buena relación con la familia y los   amigos.

 

Controla el estrés usando tus habilidades mentales

De acuerdo con el experimentado psiquiatra Álvaro Argueta, el primer paso para combatir el estrés es estar consciente del mismo en nuestras vidas. Y para ello es preciso identificar nuestras emociones. “El psicólogo Daniel Goleman las clasificó en 95, pero podemos condesar las emociones negativas en las siguientes: odio, ira, tensión, miedo, tristeza, infelicidad y estrés. Mientras que las tres emociones positivas son amor, paz y gozo, coincidentemente éstas se conocen también como los frutos del Espíritu Santo”, añade Argueta.

Las personas con ceguera emocional niegan su estado de ánimo, se les pregunta ‘¿estás enojada?’ y lo niegan. Se les pregunta ‘¿por qué tanta felicidad?’ y prefieren ocultar su emoción. Esta distorsión intencionada de las emociones hace que la gente se mienta a sí misma usando mecanismos de defensa como la “negación” o la “proyección”. La primera consiste en negar las emociones, la segunda es ver y criticar en los demás la conducta propia. Afortunadamente el ser humano está diseñado para aprender habilidades mentales que le permiten afrontar las diferentes circunstancias de la vida, explica Argueta. Dichas habilidades se concentran en las siguientes áreas: desarrollo psicosocial, desarrollo de separación e individualización, desarrollo sexual y desarrollo mental o cognitivo.

Las habilidades cognitivas o mentales se desarrollan durante los primeros años de vida, en el hogar al relacionarse con mamá y papá.  Hay cerca de 150 habilidades para manejar el estrés, como confianza, motivación, identidad y otras. Las seis principales, de acuerdo con Argueta, son:

  1. Ser      honesto consigo mismo. Se refiere a identificar las      emociones del momento: ¿estoy nervioso, enojado, triste o contento? Es      importante aceptar nuestras emociones a solas y frente a los demás      guardando el derecho a la privacidad, al decir, por ejemplo: “Tengo      algunos problemas que me tienen triste, pero es personal”.
  2. No      tener mecanismos de defensa inmaduros como      negación y proyección. Un ejemplo de mecanismo de defensa maduro es el      humor, entendido como la habilidad de sentarse a hablar con el jefe y      decirle, con mucho respeto, que se está esperando por el aumento de      salario del que hablaron el año anterior, explica Argueta. El humor es expresarse      de forma respetuosa y segura, por lo que es vital día a día en relaciones      como el matrimonio.
  3. Tener      una habilidad madura de proceso mental. Se      refiere a la manera de percibir, asimilar y transmitir las cosas. Al llega      a la adolescencia la persona debe echar mano del proceso abstracto para      comprender las bromas en doble sentido que dicen los demás y gozar del      juego. Pero si el joven no capta ese proceso mental abstracto se sentirá      excluido del grupo y se va a aislar.
  4. Habilidad      madura de interacción social. Es decir tener      buenas relaciones interpersonales, tener al mismo tiempo habilidades como      la buena comunicación que implican saber escuchar y responder      apropiadamente.
  5. Habilidad      madura de independencia. Ésta es básica      para la individualización normal de las personas. Se aprende cuando el      niño o niña empieza a ir a la escuela y debe adaptarse a la separación. No      habrá problema si el niño sabe que existe constancia del objeto      transicional, es decir su mamá. Aunque ella se aleje de él mientras recibe      clases, sabe que su progenitora volverá por él. Las personas que no      adquieren esta habilidad tendrán demasiado estrés al casarse porque no quieren      separarse de la mamá. O bien, pueden llegar a la codependencia conyugal.      La falta de esta habilidad también se observa cuando una persona tiene su      fijación en una meta y al no alcanzarla entra en depresión, agrega      Argueta.

 El estrés tiene influencia en todas las áreas: mental, pareja, familia, trabajo, relaciones de amistad, incluso vida espiritual. Por eso no manejar el estrés puede deteriorar todas las áreas de interés de una persona hasta llevarla al aislamiento y el suicidio. Rodolfo Rossino, cardiólogo y autor de ¡Venza el estrés!

Controla el estrés con ejercicio físico y espiritual

La actividad física es una de las principales recomendaciones para evitar enfermedades como el cáncer y, por supuesto, reducir los niveles de estrés. “La Organización Mundial de la Salud, OMS, dice que el ejercicio y la salud son indisociables, quien no hace ejercicio va a estar enfermo y la primera enfermedad es estrés”, afirma Rodolfo Rossino, cardiólogo y autor de ¡Venza el estrés!

Lo importante es tener un plan de acondicionamiento físico personal como caminar, trotar, ciclismo (estático o en movimiento), elíptico, natación, incluso baile aeróbico. La frecuencia mínima para ejercitarse es de cuatro a cinco veces por semana por lo menos media hora, y la intensidad debe aumentarse de forma gradual.

Los beneficios de ejercitarse incluyen la liberación de endorfinas u hormonas del placer, las cuales mejoran el bueno humor. Hacer ejercicio también mejora la captación de oxígeno por medio de las células, haciendo que funcionen mejor y el organismo rejuvenezca. Mejora el funcionamiento del corazón y el metabolismo de los ácidos grasos, disminuyendo los triglicéridos. Acondiciona el funcionamiento de las articulaciones, tendones y músculos.

Por el contrario, la falta de actividad física suele reflejarse en dolor de cabeza, enfermedades cardiovasculares, envejecimiento prematuro, gastritis, esofaguitis, reflujo, sobrepeso e insomnio, entre otros malestares.

Pero no solo el cuerpo necesita ejercitarse, “la OMS indica que salud no es solo la ausencia de enfermedad, sino también lo es el bienestar físico mental, social y espiritual”, indica Rossino. De ahí que cuando hablamos de salud integral necesitamos ejercicio espiritual y para ello existen métodos como HOLA (hablar de Dios, orar, leer la Biblia y asistir adonde se hable de Dios) o la fórmula 5+5+5, cinco minutos de lectura bíblica, cinco minutos de oración y cinco minutos de meditación antes de ir a dormir.

 

Fuentes: Roberto Martínez Porras, psiquiatra de Family Central, teléfono 2385-7712. Álvaro Argueta, psiquiatra, alvaroargueta1@yahoo.com Rodolfo Rossino, cardiólogo, teléfono 5905-4542.

Foto: administracioneficazdeltiempo.info

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Alejandra Cardona

Editora General de Atrévete

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