¿Te controla la ira?

Alejandra Cardona

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Si eres de las personas que se enojan una y otra vez, guardan pensamientos y sentimientos negativos, algunas veces explotan y no miden las consecuencias. ¡Cuidado, puede ser que la ira tome posesión de tu mente, cuerpo y alma! Esta es la misma ira que ha llevado a muchas personas al hospital, incluso detrás de las rejas.  Aquí algunas sugerencias para que empieces a hacer el cambio.

Cuando decimos que la ira es capaz de poseer tu mente, cuerpo y alma no es una exageración. La experiencia de Andrés* es un ejemplo real de los extremos en los que puedes caer al no tener cuidado de tus emociones:

“Tuve tres ingresos a la Granja Penal Pavón, cuando me sentenciaron por homicidio maldije a toda la gente, había jurado que no iba a llorar, tenía odio, ira. Me drogaba para no estar enojado, tomaba tranquilizantes y chicha para no matar a ninguno allá. Busqué a Dios por falta de dinero y vacío en mi corazón. Hace tres años hice un juramento con él, le dije ‘si existes, cámbiame y yo te voy a servir’.  Ahora le pido a Dios que guarde mis manos y mi lengua, a veces estallo en ira, pero vivo diferente. Antes era antisocial, un bárbaro; ahora busco de Dios, me levanto y doblo rodillas”.

Pero ¿es la ira un demonio, una enfermedad emocional o una justificación para hacer lo que venga en gana cuando estamos enojados? Daniel Goleman, reconocido psicólogo y autor de libros como “Inteligencia emocional”, reconoce la ira como una emoción destructiva, es decir un estado mental poderosamente cargado de sentimiento.  Y entre las seis principales emociones destructivas, además de la ira, menciona las siguientes: el apego o deseo, el orgullo, la ignorancia e ilusión, la duda y las visiones erróneas.

La ira resulta destructiva no solo para quien la posee sino especialmente para los más cercanos a esta persona, es decir familia, colegas de trabajo y amigos, quienes suelen ser el blanco de los ataques de ira. Cuando ésta sale de control, vemos masacres en los colegios, como sería el caso de un joven víctima de bullying que sin el apoyo apropiado de sus padres podría explotar en ira o adquirir una enfermedad respiratoria o gastrointestinal, explica el psiquiatra Carlos Gálvez.

Es importante observar que la ira no siempre se manifiesta como una bomba que explota, en muchos casos esa bomba hace implosión y entonces las consecuencias son graves para el organismo.  De acuerdo con representantes de Neuróticos Anónimos (NA), una ira congelada se manifiesta como depresión.  Desde su perspectiva, NA considera que la ira congelada es provocada por egoísmo y la frustración de que las cosas no se hagan en la manera deseada. “Nuestras vidas se desplomaban cuando nos sentíamos frustrados y por tanto nos sentíamos equivocados, dolidos, resentidos, enojados, todo lo cual se convierte en ira congelada o depresión”, cita en naac@neuroticos-anonimos.org uno de sus miembros.

Enojo no es igual a ira

La ira es una emoción cargada de violencia, mientras el enojo expresa malestar, desagrado u hostilidad pero no necesariamente violencia.

Si bien ya vimos que la ira consiste en una emoción cargada de sentimientos, esto no significa que cuando nos enojemos tengamos el derecho a explotar en ira. Alejandro De León, psiquiatra del Hospital de Salud Mental Carlos F. Mora y F. Molina, explica que la ira es una emoción cargada de violencia, mientras el enojo expresa malestar, desagrado u hostilidad pero no necesariamente violencia. Es mejor enojarse que airarse, “airaos pero no pequéis”, recuerda que dice un versículo bíblico.

“Según la teoría psicoanalítica, todas las personas “sanas” somos neuróticas, porque todos vivimos buscando, necesitando o anhelando algo, lo cual provoca cambios de ánimo y emociones. Eso nos hace neuróticos a todos. De hecho, el mundo actual vive en neurosis de ansiedad por el nivel de rapidez que quiere vivir intensamente cada ocasión”, explica De León.

Pero enojarse enferma

Actualmente se reconoce que más de 50 enfermedades tienen su origen en las emociones, el mal manejo del enojo puede dar lugar a afecciones cardíacas, pulmonares y gástricas.

Actualmente se sabe que muchas enfermedades tienen su origen en el mal   manejo de las emociones y la ira no es la excepción. A ésta se le atribuye la hipertensión, dolores de cabeza y hasta derrame cerebral o trombosis de la coronaria (ataque al corazón).

También puede verse afectado el sistema gastrointestinal, experimentando dificultades para tragar, náuseas, vómitos, úlceras gástricas, estreñimiento o diarrea. En algunas ocasiones se presentan problemas respiratorios como asma, y en caso de ira reprimida puede desarrollarse glaucoma.

De acuerdo con el Dr. McMillan, autor de “None of These Diseases”, algunos estudios han demostrado que los fumadores tienen mayor ira reprimida y que dolores crónicos también tienen relación con los niveles de ira que una persona puede experimentar, se cita en un artículo publicado por Vidahumana.org

En el mismo se explica que alteraciones emocionales como la depresión, según Mortimer Ostow, autor de “The Psychology of Melancholy”, tiene en todas sus fases un componente de ira. La persona deprimida, que esperaba muestras de amor,  se llena de odio, resentimiento, deseo de dañar o destruir. Este es el típico caso de hombres y mujeres que han dañado a sus propios hijos, quienes en realidad sentían gran cantidad de ira en contra de sus progenitores. Y en otros casos, estas personas optan por dañarse a sí mismas, hasta llegar incluso al suicidio.

De no tratar la ira a tiempo, ésta podría causar adicción. Esto puede suceder porque algunas personas, al estar enojadas, disfrutan la sensación de superioridad que reciben cuando dan mal trato. Algunas investigaciones indican que ciertas hormonas fortalecen esta emoción. La ira como estilo de vida también puede ser usada para manipular a otros y salirse con las suyas todo el tiempo.

Para Gálvez, la adicción al enojo puede ser resultado de la crianza en un ambiente de inestabilidad e inseguridad, en el cual el enojo es parte del estilo de vida. “Yo crecí en un ambiente de mucha ira, entonces para mí la pelea era una forma de vivir. Mi esposa, por el contrario, venía de un hogar estable y estructurado, de mucha paz, entonces cuando ella me provoca la ira yo me sentía feliz y hasta cierto punto cómodo porque era algo que me resultaba familiar. Pero también crecí con una serie de problemas emocionales, por ejemplo la culpa e ironía”, cuenta Nicolás*, un exadicto a la ira.

¿De dónde viene ese enojo?

María Laura Cortés, psicóloga y coach argentina, explica en su página web que “a nivel mental, el enojo es una respuesta a nuestros propios pensamientos. En  lugar de dar rienda suelta a ideas que tienden a volverse exageradas y dramáticas, llegando incluso a distorsionar la situación real, resulta necesario aprender a reemplazarlos por pensamientos que resulten más adaptativos y funcionales”.

Controlar los pensamientos era una de las debilidades de Andrés cuando reaccionaba inmediatamente con ira si alguien le hacía la mínima ofensa: “Rápido me alteraba, pues eso era lo que hacía mi familia. Mi abuela, me trataba así, incluso en la escuela”, comenta. Y es que, de acuerdo con el doctor De León, buena parte de cómo reaccionamos cuando nos enojamos está influido por el ambiente que nos rodea: relación madre e hijo, relación familiar, relación escolar, relación con la comunidad y país, relaciones en internet.

De hecho, la sociedad guatemalteca es en cierto grado iracunda, por lo que tendemos a comportarnos de esa forma cuando la oportunidad lo permite. Esto se refleja en gritar a familiares o subalternos de trabajo, lanzar improperios o disparar a otro conductor de vehículo como una forma de liberar una carga negativa que se ha acumulado por situaciones no resueltas, dice De León.

En otros casos, la ira puede ser producto de consumir sustancias como asteroides, comunes en quienes practican fisicoculturismo, y eso contribuye a que actúen de forma impulsiva, agresiva o irritable. Pero también se reconocen enfermedades entre cuyas características se encuentra la irritabilidad y la ira. Por ejemplo, el trastorno disfórico del final de la fase luteinica es un síndrome que llena a las personas de ira, en especial afecta a las mujeres debido a cambios que cada mes se producen en la hormona luteinizante, agrega Gálvez.

Controla tus emociones

Manejar el enojo no significa eliminarlo, pues “la ausencia total de éste influenciaría negativamente nuestra salud en forma de úlceras, aumento de tensión arterial, infartos, agotamiento mental y otros síntomas físicos. De lo que se trata es de responder adecuadamente a esta emoción”, indica De León.

Es normal experimentar situaciones ante las cuales nos sentimos amenazados, creemos que podemos sufrir daños, pensamos que nos han lastimado o nos frustramos. Pero puede ser destructivo y requerir de medicamentos especiales si se siente con demasiada intensidad, muy frecuentemente o se expresa de manera inapropiada, lastimándonos o lastimando a otros de forma verbal, física o con objetos.

Precisamente cuando el enojo produce efectos que dañan el equilibrio de las relaciones, ya sea en la familia o el trabajo, haciéndolas disruptivas, reflejando enemistad, tensión, resentimientos, venganza, etcétera, es necesario buscar ayuda profesional.

Lo mejor es enojarse inteligentemente, es lo que decía Aristóteles: “Enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto”.

Para Cortés, lo mejor que podemos hacer en un momento de enojo es distanciarnos por un momento, acordar con la otra persona un tiempo para dialogar sobre la situación conflictiva. Y al iniciar la conversación tener en cuenta:

-escuchar al otro

-permitir que termine de decir lo que quiere

-expresarnos en primera persona, utilizando “Yo pienso o yo siento…”, y evitando el “Tú haces…” para que el interlocutor no reaccione a la defensiva.

Combatir la ira está en manos de todos

El psiquiatra Alejandro De León resalta la falta de atención que se ha dado al manejo de la ira tanto en los hogares como en la atención pública a la salud, y algunas de las sugerencias para que en familia y sociedad contribuyamos a disminuir las estadísticas de violencia son:

-Que los padres eviten trato o muestras de ira y violencia frente a los hijos, por ejemplo gritarles.

La familia es el lugar donde inicialmente podemos enseñar a controlar las emociones.

-Que los enojos de los hijos o las riñas entre hermanos se resuelvan de la forma más pacífica posible, sin agresiones.

-Castigos lo menos agresivos y violentos posibles.

-Si se ve películas, caricaturas o lecturas de violencia, que sirvan como ejemplo de lo que no debe ocurrir y no como noticia de impacto que provoque entusiasmo y admiración.

-En los centros educativos, incluyendo universidades, que se haga una campaña constante mostrando cómo vivir y resolver pacíficamente los problemas, y no solo decir “no a la violencia”, sino enseñar alternativas.

-A las autoridades de salud pública se les sugiere desarrollar una estrategia a nivel nacional de promoción de salud mental, detección temprana de alteraciones emocionales y mentales, y tratamientos para la población.

Los 12 pasos de Neuróticos Anónimos

  1. Admitimos que      éramos impotentes ante nuestra adicción, que nuestra vida se había vuelto      ingobernable.
  2. Llegamos al      convencimiento de que un Poder Superior podría devolvernos el sano juicio.
  3. Decidimos poner      nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado de Dios, tal como nosotros lo      concebimos.
  4. Sin miedo hicimos      minucioso inventario moral de nosotros mismos.
  5. Admitimos ante      Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano la naturaleza exacta de      nuestras faltas.
  6. Estuvimos      enteramente dispuestos a dejar que Dios eliminase todos estos defectos de      carácter.
  7. Humildemente le      pedimos que nos quitase nuestros defectos.
  8. Hicimos una lista      de todas aquellas personas a quienes habíamos hecho daño y estuvimos      dispuestos a reparar el daño que les causamos.
  9. Reparamos      directamente el daño causado, siempre que nos fue posible, excepto cuando      el hacerlo perjudicaría a ellos o a otros.
  10. Continuamos      haciendo nuestro inventario personal y cuando nos equivocábamos lo      admitíamos inmediatamente.
  11.  Buscamos a través de la oración y la      meditación mejorar nuestro contacto consciente con Dios, como nosotros lo      concebimos, pidiéndole solamente conocer Su Voluntad para con nosotros y      la fortaleza para cumplirla.
  12. Habiendo obtenido un      despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar      este mensaje a los adictos y de practicar estos principios en todos      nuestros asuntos.

El recurso espiritual contra todo enojo

“Nací en una familia desintegrada. A los cuatro años intentaron violarme y empecé a tener ira en mi corazón. Mi abuela me crió, viví sin papá y guardé mucho odio porque miraba como lloraba mi mamá y tuve un montón de padrastros. Empecé a ser malo, de niño mataba las mascotas de mi abuela. Lo que más odiaba era la deformación en una de mis manos, nací así porque mi mamá intentaba abortarme, y eso me llenaba de más ira.

Pero cuando uno identifica contra quién es la batalla es más fácil llevar la relación. El enemigo ha estado usando la violencia porque hay mucho cristiano mediocre”, Andrés*.

Una de las páginas especializadas en teología, Gotquestions.org , explica que “bíblicamente, la ira es una energía dada por Dios con la intención de ayudarnos a resolver problemas. Ejemplos de ira bíblica incluyen la confrontación de Pablo con Pedro, por su mal ejemplo en Gálatas 2:11-14. David, disgustado al escuchar al profeta Natán compartirle una injusticia (2 Samuel 12), y Jesús airado por la manera en que algunos judíos habían corrompido la adoración en el templo de Dios en Jerusalén (Juan 2:13-18). Nótese que ninguno de estos ejemplos de ira involucraron la auto-defensa, sino la defensa de otros, o de un principio”.

Pero la ira se convierte en algo negativo cuando es motivada por el egoísmo, cuando el objetivo de Dios es distorsionado o cuando se deja que la ira persista. Cuando se le permite desbordarse sin restricción lastimando a las personas que están alrededor de la persona iracunda o dejando, incluso, consecuencias irreparables. Y se convierte en una amenaza cuando el airado se rehúsa ser tranquilizado, guarda rencor y se irrita ante cualquier cosa.

Algunas recomendaciones extraídas de la Biblia y publicadas por Gotquestions.org para manejar la ira son:

1) Reconocer y admitir nuestra ira egoísta y el erróneo manejo del enojo como un pecado (Proverbios 28:13; 1 Juan 1:9). Esta confesión debe ser hecha tanto a Dios como ante aquellos a quienes hemos herido con nuestra ira. Tampoco debemos minimizar ese pecado llamándolo “me alteré un poco el otro día” o transfiriendo la culpa: “bueno, si no hubieras actuado como lo hiciste…”

2) Viendo a Dios en la prueba. Eso es especialmente importante cuando la gente ha hecho algo específicamente para ofendernos. Santiago 1:2-4; Romanos 8:28-29; y Génesis 50:20 apuntando todo al hecho de que Dios es soberano y tiene completo control sobre cualquier circunstancia y persona que entra en nuestro camino. Nada nos sucede que él no lo cause o lo permita. Y como todos estos versos lo dicen, Dios es un Dios bueno (Salmos 145: 8,9,17) que hace y permite todas las cosas en nuestras vidas para nuestro bien y el bien de otros. Si reflexionamos sobre esta verdad hasta que se mueva de nuestra mente a nuestro corazón, alterará nuestra reacción hacia aquellos que nos hieren profundamente.

3) Dejando lugar para la ira de Dios. Esto es especialmente importante en casos de injusticia, especialmente cuando es hecho por hombres “malvados” hacia gente “inocente.” Génesis 50:19 y Romanos 12:19 nos dicen ambos que no juguemos a ser Dios. Dios es recto y justo, y podemos confiar en Él, quien conoce todo y lo ve todo para actuar con justicia (Génesis 18:25).

4) No regresando mal por bien (Génesis 50:21; Romanos 12:21). Esta es la clave para convertir nuestra ira en amor. Todas nuestras acciones fluyen de nuestro corazón, así que también nuestros corazones pueden ser alterados por nuestras acciones (Mateo 5:43-48). Podemos cambiar nuestros sentimientos hacia otros, cambiando la manera en que decidimos actuar hacia esa persona.

5) Comunicándonos para resolver el problema. Hay cuatro reglas básicas de comunicación que se nos comparten en Efesios 4:15, 25-32.

a) Ser honestos y hablar (Efesios 4:15,25). La gente no puede leer nuestra mente, sino hablar la verdad de manera amorosa.

b) Ser oportunos (Efesios 4:26-27). No debemos permitir que lo que nos está molestando, crezca hasta perder el control. Es importante manejar y compartir lo que nos molesta antes que llegue hasta ese punto.

c) Atacar el problema, no a la persona (Efesios 4:29, 31). Junto con esto, debemos recordar la importancia de mantener bajo el volumen de nuestra voz (Proverbios 15:1). Gritar es usualmente percibido como una forma de ataque.

d) Actuar, no reaccionar (Efesios 4:31-32). A causa de nuestra naturaleza caída, generalmente nuestro primer impulso es uno pecaminoso (verso 31).

El tiempo utilizado para “contar hasta diez” debe ser usado para reflexionar sobre la manera amable de responder y recordarnos a nosotros mismos, cómo la ira debe ser usada para resolver problemas y no para crear unos mayores.

6) Por último, debemos actuar para resolver nuestra parte del problema (Hechos 23:5). No podemos controlar la manera en que los demás actúen o respondan, pero sí podemos hacer los cambios necesarios para hacerlo por nuestra parte. Conquistar nuestro temperamento no es algo que suceda de la noche a la mañana. Pero a través de la oración pidiendo ayuda, el estudio de la Biblia, y la confianza en el Espíritu Santo de Dios, puede ser conquistado. Así como hemos permitido que la ira se haya atrincherado en nuestras vidas por la práctica habitual, también debemos practicar responder correctamente hasta que se convierta en un hábito que reemplace a las viejas actitudes. Estos son algunos Proverbios que tratan con el tema de la ira:

6:34 “Porque los celos son el furor del hombre, y no perdonará en el día de la venganza”
14:17 “El que fácilmente se enoja hará locuras; y el hombre perverso será aborrecido.”
14:29 “El que tarda en airarse es grande de entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad.”
15:1 “La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.”
15:18 “El hombre iracundo promueve contiendas; mas el que tarda en airarse apacigua la rencilla.”
16:32 “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.”
19:11 “La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa.”
19:19 “El de grande ira llevará la pena; y si usa de violencias, añadirá nuevos males.”
22:24-25 “No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de enojos, no sea que aprendas sus maneras, y tomes lazo para tu alma.”
27:4 “Cruel es la ira, e impetuoso el furor; mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia?”
29:8 “Los hombres escarnecedores ponen la ciudad en llamas; mas los sabios apartan la ira.”
29:22 “El hombre iracundo levanta contiendas, y el furioso muchas veces peca”.

*Nombres ficticios.

Fuentes: Carlos Gálvez, psiquiatra. Alejandro De León, psiquiatra del Hospital de Salud Mental Carlos F. Mora y F. Molina, a7777tan@yahoo.com María Laura Cortés, psicóloga y coach, www.diaphus.com.ar  www.na-guatemala.centroamerica.com  www.gotquestions.org/espanol/ira-Biblia.html   www.vidahumana.org  Fotos: taringa.net   blogs.monografias.com   kathysmith.com  straightlinemoving.com

 

 

 

 

 

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Alejandra Cardona

Editora General de Atrévete

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