Valores en juego

Alejandra Cardona

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Cassie Carstens (Sudáfrica), Steve Connor (Estados Unidos) y Alex Díaz Ribeiro (Brasil) dedican sus vidas a inculcar principios cristianos y valores morales en jóvenes deportistas de sus países, preparándolos para ser personas de éxito en todas las áreas y no sólo jugadores famosos.

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De izquierda a derecha: Alex Díaz Ribeiro, Cassie Carstens y Steve Connor.

Tres personajes con autoridad en el deporte y amplio conocimiento de la palabra de Dios estuvieron en Guatemala para compartir sus experiencias trasladando principios cristianos y valores a jóvenes deportistas. Una de sus presentaciones, ofrecida por Radio Corporación Nacional a sus radioescuchas, nos permitió tener acceso a ellos y aquí resumimos parte de su interesante  disertación:

Equipo: entrenador-jugador-aprendiz-mentor

Como presidente de la International Sports Leadership School, Carstens enseña a los deportistas, sus entrenadores y sus padres, la importancia de formar todo un equipo alrededor del jugador para que crezca no sólo con la preparación física necesaria sino también con la capacidad intelectual, emocional y espiritual para afrontar obstáculos y digerir el éxito.

Para él, la clave es no fijarse tanto en el deportista, sino en todo lo que lo rodea. Su lema es que el deporte debe servir para mejorar el carácter de una persona, su familia y su nación. Explica que todo deportista debe trabajar en seis áreas:

Psíquica

Dimensiones que se deben trabajar en el deportista. Ilustración: coalizaobrasileira.com.br

Social

Emocional

Intelectual

Ambiental

Espiritual.

Para ello necesita un couch o entrenador que no se fije sólo en la parte física, sino también fortalezca al deportista por dentro.  Esto implica encontrar alguien a quién entrenar, alguien a quien dar lo que se ha aprendido. Por eso, lo primero que Carstens pregunta a cualquier entrenador de un jugador famoso es “¿a quién está entrenando?” Si el jugador, por muy bueno que sea, sólo piensa en él, no será una persona de provecho, “las personas egoístas asesinan a la sociedad”, afirma. En su opinión, el primer requisito de un entrenador para sacar el máximo potencial de su deportista es obligarlo a entrenar a alguien más, de manera que el equipo se integra por: entrenador-jugador-aprendiz.

Si el jugador, por muy bueno que sea, sólo piensa en él, no será una persona de provecho, “las personas egoístas asesinan a la sociedad”.

Sin embargo, en la actualidad a los deportistas se los destaca por ganar en lo individual y por sobresalir en lo material. Por eso es importante que además del entrenador y el aprendiz, el jugador cuente con mentor.

Idealmente el mentor debe ser el padre de familia porque trabaja la parte emocional, intelectual, social y espiritual del deportista para que tenga una vida íntegra. Pero si éste no se encuentra presente o no cumple su función, debería existir sustitutos en la sociedad para recibir la influencia masculina que todo ser humano en desarrollo necesita.

¿Y por qué hablar de principios cristianos en el deporte?, le preguntamos. “El problema es que hemos separado lo espiritual de lo secular, y por eso es que la gente va a las iglesias el domingo pero el lunes tiene un mal matrimonio, hacen negocios deshonestos o compiten a nivel deportivo olvidándose de que Cristo está ahí”, respondió.

De ahí surgió el programa Ubabalo, el cual tiene la misión de compartir las habilidades físicas y de liderazgo con alguien más, poniendo en práctica el servicio, pero también otros valores para la formación de personas íntegras.

 

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Deportes y liderazgo

Steve Connor es entrenador de fútbol americano, ha sido capellán de la NFL y NCCA, y ha escrito más de ocho libros acerca de liderazgo deportivo. Su mensaje se basó en cuatro principios para los entrenadores de deportistas. Dado que cerca del 75 por ciento de los jugadores en Estados Unidos suele estar en estado de divorcio, desempleo o bancarrota cinco años después de retirarse, es importante que el couch no se enfoque únicamente en los marcadores, asegura.

Sports Outreach es uno de los ocho libros escritos por Steve Connor. Foto: oasisoflove.org

El problema es cuando el deporte se convierte en un ídolo. “En todo el mundo lidiamos con los ídolos, éstos pueden ser un buen conferencista o un buen libro. Para mí el deporte fue mi dios hasta que comprendí que debía ser un instrumento para dar gloria al verdadero Dios”, confiesa.

Los cuatro principios que recomienda para trabajar en el liderazgo de jóvenes son:

  1. Buscar el peligro cuando se trata de hacer cosas buenas, nosotros en Atrévete diríamos ser “atrevidos”.
  2. Convertir las ideas en acciones. Si se tiene una visión debe buscarse la manera de llevarla a la práctica en un tiempo determinado, ¿qué tal tres años? Puedes adelantarte tres años y ver qué has logrado, luego regresa al presente y planifica esos tres años.
  3. Para ser fuerte, envuélvete por algo más fuerte. Cuando estás solo eres más vulnerable, puede ser que te tumben fácilmente, pero cuando estás rodeado de familia y buenos amigos (Connor comparte que él ha decidido rodearse de Dios), entonces eres más fuerte.
  4. Deja un legado. Hay gente que constantemente te está viendo y tú puedes hacer la diferencia en sus vidas, ser un mentor, modelar hábitos, creencias. ¿A quién estás impactando?

 

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Atletas de Cristo

Tras 20 años compitiendo en carreras de automóviles, incluyendo su participación en Fórmula Uno, haber sido capellán de la selección de fútbol de Brasil y ex capellán de Kaká, Alex Díaz Ribeiro se sintió llamado a participar en Atletas de Cristo. Esta organización, abierta para todo deportista, surgió en los años 70 con el objetivo de influir en los jóvenes y no separar el fútbol de la iglesia (en especial los domingos), sino aprovechar el deporte para enseñar valores y sacar lo mejor de los jóvenes, explica Ribeiro.

“…si un héroe deportivo no transmite un mensaje de vida, sólo es un vendedor de ilusiones. Pero cuando tiene un mensaje de vida puede ir más lejos…”

Los esfuerzos económicos, físicos y familiares, así como tener que lidiar con las frustraciones, le demostraron a Ribeiro que muchas veces el éxito alcanzado en una victoria deportiva no compensa tanto sacrificio. Así fue como se retiró de las carreras de automóviles y empezó a trabajar con la organización que hoy lleva más de 40 años en su natal Brasil y por la cual han pasado más de 6,000 deportistas.

“Descubrí que si comparamos el cerebro con una computadora, el espíritu es el software. La mayor ayuda que podemos dar a los atletas es la fe, equilibrio entre el la visión y el corazón, acompañada de disciplina. Así que, si queremos enseñar valores, el deporte es una gran vía de comunicación y puede tener  impacto global. El deporte rompe con barreras sociales, raciales, económicas y religiosas; tiene poder de influencia a nivel individual, colectivo, geográfico, político y económico. Para nadie es extraño que si un jugador de fútbol se corta el cabello con cierto estilo, al poco tiempo todos quieren lucir el mismo corte.

También aprendí que “si un héroe deportivo no transmite un mensaje de vida, sólo es un vendedor de ilusiones. Pero cuando tiene un mensaje de vida puede ir más lejos porque hay contenido espiritual y lo espiritual genera fuerza interior”.

La vida espiritual de los deportistas no es un tema común en los artículos de prensa, literatura, cine ni en las conversaciones de analistas, sin embargo, personas como Ribeiro saben reconocer la importancia que ésta tiene en el día a día de un jugador. Y de ahí que el ex capellán escribió un libro en el cual comparte  algunas escenas tras bastidores durante la Copa Mundial de Estados Unidos en 1994, y del cual extrajimos para conclusión el siguiente párrafo:

“De repente Branco dejó de molestar a los cristianos de la selección. El lateral izquierdo tenía otros motivos de preocupación.

Branco sufrió una fuerte distensión en el nervio ciático antes del primer partido de la Copa. No mejoraba a pesar del tratamiento y empezó a vivir con el temor constante de que lo sacaran del equipo.

‘Müller y yo somos buenos amigos’, nos dijo Branco más tarde. ‘Éramos los únicos del equipo que jugábamos por tercera vez en la Copa Mundial. Preocupado por mi situación, Müller me pidió que fuera a su recámara. Cuando fui, conversamos un poco y me dijo que deseaba orar por mí. Acepté y él oró. Fue una experiencia maravillosa (Müller nos contó después que ungió con aceite la espalda de Branco y reclamó sanidad en el nombre de Jesús). Esto era nuevo para mí, debido que nunca había asistido a las reuniones de los Atletas de Cristo. Ahora sé cuán importante fue para mí esa oración’”.

Selección de fútbol Brasil, Copa Mundial Estados Unidos, 1994. Foto: elconfidencial.com

Foto principal: scouting.org

 

 

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Alejandra Cardona

Editora General de Atrévete

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